Visión

La expansión de las relaciones capitalistas a todos y a cada uno de los ámbitos humanos, supuso lo que algunos han dado en llamar la gran transformación, esto es, la imposición (violenta o no) de una economía de mercado sobre otra natural o moral. Dicha transformación se caracterizó, fundamentalmente, por el debilitamiento y, en algunos casos, la destrucción de las instituciones comunitarias básicas de las comunidades locales, afectando profundamente a su autonomía económica, cultural y política.

Hoy, como entonces, se habla de un cambio de época. Desde que se acuñó el término de globalización para comprender las claves fundamentales de este nuevo mundo y las nuevas relaciones que ésta ha engendrado, son muchas las definiciones dadas para entender con precisión su alcance. Quedémonos con una, relevante porque reitera la naturaleza colonial de la empresa capitalista y las nuevas formas que ésta adopta. Así entendida, la globalización no es más que la mercantilización universal e ilimitada de lo vivo, lo común y lo público y la reproducción, bajo nuevas formas de violencia, del expolio histórico sufrido por las comunidades locales en el Sur. Podemos añadir, no obstante, cómo estos procesos también han afectado al Norte, con el paulatino desmoronamiento de lo poco que quedaba de su mundo rural y con la privatización sistemática de sus sistemas públicos.

Desde irradia afirmamos que este nuevo embate del capital, el proceso de cosificación de toda relación humana, nos afecta a todos (comunidades indígenas y rurales en el Sur, seguridades y lazos sociales en los pueblos y ciudades del Norte), tanto por sus efectos negativos como por la posibilidad que presenta para pensar y hacer en marcos de resistencia compartidos. Una de las consecuencias de la globalización capitalista es, no podía ser de otro modo, la transnacionalización también de las luchas, representadas hasta hoy en los foros y encuentros donde, a nivel internacional, se ha insistido en la necesidad esencial de  enlazar alternativas, de crear y generar redes entre los diferentes movimientos y actores sociales.

Nos pronunciamos, desde aquí, como resistentes y defensores activos de lo que se ha dado en llamar espacio vital, como defensores activos de aquello que a todos nos une (el lugar donde encontramos lo esencial para vivir como queremos vivir, el espacio imprescindible para el autodesarrollo de un pueblo), ya sea en el espacio público de la ciudad europea, ya sea en el territorio ancestral de las poblaciones indígenas. Es el espacio vital lo que peligra y la conversión en mercancía de todo lo vivo lo que debemos resistir.

Desde el colectivo irradia subrayamos la importancia de llevar a cabo procesos de reflexión y traducción entre realidades a priori diferentes, encaminarlas en aquellas direcciones donde se puedan encontrar, con el fin de extraer de experiencias concretas una voz compartida. Buscar, así, el rasgo o rasgos comunes entre aquellos movimientos y actores que, si bien desde una posición distante en el origen, proponen una alternativa a la conversión en mercancía de lo vivo y una defensa activa del bien común. Creemos, consecuentemente, en la necesidad de explorar e identificar  aquellos vínculos entre diferentes realidades geográficas, culturales y sociales, prestando quizás más atención a aquellos procesos que, en el marco del estado español, resultan especialmente significativos por su fundamental conexión con otros procesos  y movimientos alternativos.

Somos plenamente conscientes de las enormes dificultades. También sabemos que algo se mueve a nuestro favor, pues todos habitamos lugares que tarde o temprano deberemos pensar y defender. Algunos ya lo están haciendo